¿EXISTE EL FEMICIDIO?

Soy de los que tienen pánico de convertirse en un conservador en el futuro. De aquellos que creen que los cambios ocurridos en el pasado y que han traído cierta comodidad a la actualidad fueron los suficientes y que nada más debe tocarse. Pero queda mucho por civilizar en el pensamiento humano.
Para muestra, no logro entender a las mujeres divorciadas que se sienten felices porque ahora la iglesia católica es más “tolerante” con las divorciadas.  Gracias a esta minúscula y humillante concesión dejan atrás todos los siglos de haber sido aplastadas por estos sistemas filosóficos enfermos de machismo, y siguen yendo a misa a oírle devotamente al padrecito. Pero además de esto, ya contentas con lo del divorcio, apoyan que la iglesia siga persiguiendo (con el mismo odio que tuvo por las divorciadas) a las parejas del mismo sexo.  Es una hipocresía del tamaño del universo esto de creerse liberales solo para lograr los adelantos mentales que nos convienen y por otro lado apoyar ideas conservadoras porque atañen a otros.

Dentro de las luchas que no son directamente mías, la tipificación del femicidio siempre me ha puesto a pensar. He dudado de si ha sido bien construido, correctamente conceptualizado, he dudado, pese a que no tengo segundos pensamientos sobre la urgencia de detener la violencia, claro está.

En mi época universitaria teníamos como gurú del derecho penal al argentino Raúl Eugenio Zaffaroni, y hace pocas semanas leí expresiones suyas sobre el femicidio que datan de 2012:

 “El homicidio por odio se produce contra minorías. La característica que tiene es que no importa el individuo. Hay dos lesiones: una al muerto y otra, por el metamensaje, a toda la colectividad. Y acá en la Argentina nadie sale a la calle a matar una mujer porque es mujer. Es una locura, no existe.”

Entonces mis dudas sobre el femicidio se acrecentaron, la lógica de Zaffaroni y su evidente conocimiento del derecho penal me dejaron algunas horas de reflexión. Suena tan poco probable que la causa de violencia sea sencillamente el sexo de una persona, me resultaba difícil de aceptar.  Por suerte soy de los que se siente usualmente tarado, y me quedé en el molde sin opinar sobre lo dicho por el penalista argentino.

Entonces, justo cuando el tema se me estaba olvidando, leí que el Arzobispo de Lima  Juan Luis Cipriani ha dicho esto en un programa de radio:

“esos medios de comunicación que constantemente difunden violencia, violencia también contra la mujer y también que difunden ese abuso del cuerpo, como atracción física carnal en horarios y de maneras muy sutiles”… “van creando toda una situación que luego las estadísticas nos dicen que hay abortos de niñas, pero no es porque hayan abusado de las niñas, son muchas veces porque la mujer se pone como en un escaparate, provocando.”

Estas palabras me persiguen desde entonces: pero no es porque hayan abusado de las niñas, son muchas veces porque la mujer se pone como en un escaparate, provocando.”

Si existiera el cuento bíblico, este antisocial merece las llamas del infierno, pero eso no va a pasar, ni tampoco tendrá consecuencias en la vida real. Esa organización mafiosa es especialista en encubrirse y eso ya lo sabemos de memoria los que tenemos la voluntad de aceptar la evidencia. 

¿Y qué pienso ahora sobre el femicidio? Que Zaffaroni se equivoca pues la realidad está reflejada  en el arzobispo Cipriani, que no es otra cosa que  la expresión de la mentalidad y conducta de millones de personas: Las niñas y las mujeres tienen la culpa de ser violadas o asesinadas porque lo provocan con sus cuerpos. Así, si la persona no es una mujer provocadora pues no será atacada. 

Si a Zaffaroni le hacía  falta un metamensaje de odio, pues aquí lo tiene. No es anecdótico lo dicho por Cipriani, es la voz y opinión de la mayor religión del mundo, la que es mayoría en Latinoamérica, la que promueve el odio y el discrimen, la que le ha dicho a la mujer,  desde hace miles de años, que solo puede ser virgen para ir al cielo o puta para ser despreciada, y que permite que violadores y pedófilos se sientan protegidos por quienes se presentan como los intermediarios entre un dios y los hombres.

Nunca lo tuve tan claro, pese a que ya me lo habían dicho algunas amigas más inteligentes y claras en las ideas sobre el femicidio. No obstante, me costó entender. El femicidio existe y es correcto tipificarlo para que sea aplicado en los casos correspondientes. Al contrario de lo que cree Zaffaroni, y como claramente “justificó” el cura aquel, definitivamente sí hay quien sale a la calle a matar una mujer porque es mujer.

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