LA CIENCIA Y DIOS


Entre la ciencia y las ideas de un dios creador hay una tendencia simplista que encuentro equivocada: No  hay  dualidad  entre  ambos. No  son  dos fenómenos ni caracteres sobre lo mismo.

La difundida creencia de que la ciencia ha matado o está matando la idea de un dios creador probablemente empezó cuando varios mitos bíblicos se fueron al traste como resultado indirecto de conclusiones científicas, pero no hay que caer en una generalización falaz. La ciencia no se opone a dios como si se tratara de su enemigo.

Cuando Charles Darwin lanzó al mundo la teoría de la evolución, empezamos despacito a entender que no siempre fuimos iguales y que un principio como el planteado en el Génesis de una pareja humana original es un hecho imposible.  Estoy seguro que a Darwin poco le importaba o motivaba despedazar un dogma como el del pecado original a cargo de esa pareja original que no pudo existir. Que la evolución demuestre que el dogma aquel que dice que un dios embarazó a una virgen de 14 años para enviar a su hijo al suicidio para limpiarnos del pecado original, no es más que una fábula  sin base ni verificación alguna, no significa que la ciencia haya aparecido para matar las ideas que tienen los seres humanos sobre un dios creador.

La ciencia ha respondido y va respondiendo cómo se hacen las cosas. La idea de dios fue la forma intelectual humana que empezó hace cinco o seis mil años atrás, para tratar de explicarse quién las hizo. Son caminos separados. No se contraponen, no son rivales, no se trata de: “o la una o el otro”.  Pero si en este avance caen como bajas no previstas algunos dogmas religiosos, ya no es culpa del investigador.

Además de no estar sobrepuestas, ni siquiera es aceptable desde la más sencilla racionalidad que tengamos solo dos opciones. ¿Por qué tenemos que conformarnos con creer en un dios cada vez que la ciencia no aclara las cosas de manera perfecta y totalmente verificada?  ¿Acaso hay que contentarse con decir “debió ser dios, o alguna inteligencia superior” cada vez que no entendemos algo?  La respuesta a qué ocurrió un segundo antes del big bang, o la explicación a la duda sobre la primera célula autoreplicante con la que arrancó la vida en la Tierra, tiene por fuerza que ser un místico y consolador  “fue dios”? No puede ser así. Me niego a conformarme con la fantasía.

Esta confusión entre ciencia y dios, incluso llevó a sectores católicos a inventarse la pseudo ciencia del “diseño inteligente”, para tratar de convertir en “científicas” varias páginas bíblicas.  Y aunque no llegaron lejos en su intento por difundirlas en las escuelas públicas de EEUU, pues en el juicio Kitzmiller contra Dover , se sentenció que el “diseño inteligente” era solo una diferente forma de presentar el creacionismo bíblico, todavía quedan personas defendiéndolo como si se tratara de la “verdadera” ciencia. Es un dogma que trata de decirte cuál es la ciencia en la que hay que creer. Ridículo por todos los flancos.

La ciencia no está para borrar a dios del mapa, pero apareció y sigue creciendo porque dios no existe. No haría falta una vacuna contra nada si con un rezo lleno de fe  pudiéramos prevenir las enfermedades de nuestros hijos. Pero dios no existe afuera de la mente del ser humano.  Y cuando reclamas su ausencia alguien te dirá que de eso se trata el libre albedrío, que luego de crearnos dios nos dejó para que actuemos por nuestra propia voluntad.

Entonces pienso en los dos infantes asesinados por su padre en Santa Elena hace algunos meses. Asumo que ellos subieron al cielo y preguntaron a dios porqué permitió que su propio padre los degollara. Y dios les tendría que haber respondido que para él lo que importa es el libre albedrío del criminal y no la vida de dos niños que no llegaron a cumplir 6 años. Pero que igual no se olviden que dios es amor.


¿Y a esta monstruosa idea de dios le atribuyen sin una pizca de duda la “inteligencia superior” atrás de la creación del Universo y del hombre?

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