I (corazón) EVA

En el diario El Comercio del 25 de noviembre leí que “La virgen de “El Panecillo” se iluminará de color naranja. Desde la noche de este sábado 25 de noviembre, como parte de los eventos por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la imagen tendrá esa tonalidad. Según indicó el Municipio de Quito, el objetivo es sensibilizar a la ciudadanía sobre la importancia de esta fecha. Con esta premisa, la Virgen de la capital se mantendrá con la iluminación naranja hasta el 10 de diciembre”.

Si fuese por luchar contra la violencia contra la mujer, yo mandaría a demoler esa estatua, en lugar de gastar plata municipal en luces de colores para usarla como “símbolo” de algo totalmente ajeno a lo que realmente representa.

Les voy a decir por qué, y empecemos por la misma María:

María tendría unos 15 años cuando el buenazo de Dios le habría embarazado a control remoto, y por su puesto sin ella haberlo pedido, querido, esperado, ni deseado. Que se aparezca un ángel a decirte que Dios te había dejado embarazada debe ser una pesadilla. Quede claro que a la presente fecha la fábula aquella es un cuento de violación y pedofilia.

No obstante la propaganda religiosa se las arregló para que dicha violación parezca un celestial honor. Así cuentan que la niña aceptó su destino callada, feliz y sumisa. Según dicen, los papitos celebran (y se endeudan) en las fiestas de 15 de sus nenas, porque es la misma edad que tuvo María cuando le pasó lo que le pasó.

La Biblia -y todos sus símbolos-  ha sido cruel con las mujeres, y es la principal fuente del machismo latinoamericano, por ejemplo. Además que ni siquiera es original pues miles de años antes los griegos ya nos contaban cómo sus dioses solían acudir a la planta baja a embarazar damiselas y tener semidiocitos por montones.

Sigo, la primera mujer del mito judeo cristiano –Eva-, se convirtió en culpable ni bien fue creada de la costilla del pendejo sin personalidad de Adán. Dice el Génesis que vino la culebra, y le dijo a Eva que coma nomás del fruto prohibido pues así conocerían el bien y el mal.

“6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.” (…)

Nada puede cabrearle tanto a Jehová y a sus inventores  varones que una mujer que busque la sabiduría, pues cabalgando en cólera el bueno de Dios le preguntó a Adán que qué fue lo que hizo. Y el irresponsable y cobarde hombre díjole:

12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

La dama, culpó entonces a la culebra, y dios castigó a la culebra a andar arrastrándose, cosa graciosa, pues como decía Jardiel Poncela, habría que suponer que antes del castigo la culebra avanzaba dando brincos como resorte.

Dios, amoroso como dicen que es, rugió:

16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera tus dolores en tus embarazos; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él te dominará.

Y así, desde el principio quedó claro que quien es curiosa y rebelde será castigada, que el hombre podrá culparle a la mujer de sus males (como todos esos hijos de puta que dicen que las violadas tienen la culpa por ir en minifalda, solas y borrachas), y fue tal el agravio del dichoso pecado original que el creador de todo este relajo no tuvo mejor idea que embarazar a una inocente niña para tener un hijo que sería asesinado ante sus propios ojos, para limpiarnos de él.

Cómo se nota que siempre han sido los hombres más inseguros de las tribus primigenias los inventores de estas mitologías, la verdad sea dicha. Los que se inventaron la de Manco Capac y Mama Occlo, también le dieron tareas domésticas a la mujer, pero al menos ambos eran hermanos y juntos fundaron su imperio a nombre del dios Inti, en igualdad de condiciones.

La Biblia ha sido cruel y la Iglesia mucho peor con las mujeres. La sentencia ejecutoriada desde hace miles de años sostiene que el hombre dominará a la mujer. Y por su culpa, obviamente.

Se me ocurren cientos de formas en las que este dominio ha ocurrido y ocurre.

Con esta idea el esposo podía disponer del patrimonio de su mujer sin que ella pudiera oponerse hasta que el Código Civil se reformó por los años 1980s.

Con esta idea a las mujeres se les prohibía el voto hasta hace pocas décadas.

Nunca una Papisa (oficial, al menos), nunca una Cardenala, una Arzobispa, una cura de parroquia al menos.

Con esta idea el hombre cree que usar vocablos femeninos para denotar cobardía es brillante idea, y cree que decirle femenino a otro hombre es un insulto.

Con esta idea el hombre sigue legislando cosas que deberían ser discutidas exclusivamente entre mujeres. Como el aborto, por ejemplo.

Con esta idea, hay mujeres que se creen mejores que otras y reaccionan con el peor machismo posible en contra de las de su propio sexo. Especialmente las que ya hicieron todo lo que critican, por eso en España un antiguo adagio dice: “no hay beata más jodida que la puta arrepentida”.

¿De quién sería la idea de ponerle focos a la virgen del Panecillo para celebrar el día de la no violencia contra la mujer?

Estoy seguro de que fue idea de algún simplón gil de esos que cree que la virgen María es la única versión válida para representar a las mujeres.

Y posiblemente sea la peor. Yo creo que es la peor. Además de lo que ya dije, porque una madre de verdad mandaba al carajo al mismísimo Dios, pero no permitía que asesinara a su hijo en su ridícula estrategia salvadora. Es otro de los personajes bíblicos mal construidos, e inconsistentes, en todo caso.

Ojalá demolieran ese adefesio gigante en la punta de un cerro repleto de choros y que huele a meados. Ojalá todas las mujeres pudieran darse cuenta del origen organizado e institucionalizado de tanto abuso.

Ojalá alguien construyera un monumento a Eva (pero con plata privada, carajo, que el Estado es laico).

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