Sinopsis

Veinte

Sinopsis:

"Claudio muere en un absurdo accidente de tránsito al salir de una fiesta de compañeros de universidad. Años más tarde su mejor amigo, Iñaki, un hombre inestable, huérfano de padres y de fe, le escribe una desgarradora carta que se convierte en el triste inventario de los excesos y frustraciones de una generación que naufragó en el desencanto. Esta carta es el pretexto para una confesión amarga que no admite más dilaciones". 

 Editorial Alfaguara

 

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Capítulo I

Claudio:

 

                 Diez días antes de morir encontraste una frase de Millor Fernández, que decía  «La Nostalgia es querer volver a un lugar que nunca existió».  Apostaría que cuando la leíste no la vinculaste a nosotros, ni a nuestras vidas, pues en esas épocas no deseábamos regresar a ningún sitio, nuestro viento iba hacia adelante y para ti la nostalgia no pasaba de ser un virus de gente extraña. Todo estaba nuevo para ambos, cada día parecía amanecer con la oferta de un himen o una botella por romper.  Puedo asegurarte que solo quedan botellas. Y no gracias a mí, porque cuando yo llegué, el mundo ya estaba así.

               Creías en la justicia social, en tu novia  y en las botellas de José Cuervo. Y pese a creer en la justicia,  en una mujer  y en un alucinógeno, seguías siendo un hombre feliz. Cabrón, ¿cómo lo hacías?  Estabas equivocado, compadre, pero el tiempo se te acabó antes de descubrirlo.  Yo te respetaba, porque eras un tipo genuino. Y tan evidentemente feliz. Insisto, cabrón, ¿cómo lo hacías?, porque eras feliz, pero no eras un idiota.

           Busqué en los cajones de mi velador hasta dar con el control remoto de la televisión. En ella no encontré nada que valiera la pena ver, salvo un par de senos infladoas. Qué feas. Son tan redondas y rígidas como las manijas de una puerta. Las tetas bonitas son las que caen naturales como un par de lágrimas gigantes y miran el cielo con los pezones buscando la luz del sol.  No había tanta silicona en nuestros tiempos, me parece. Con decirte que la primera vez que agarré unas modificadas fue a los 26 años, o sea, 6 años después de enterrarte.

          Te perdiste la experiencia, pero no te perdiste de mucho. Aquellos hiper senos de los que me colgué una temporadita de ojos cerrados se sentían como una rodilla, algo duro debajo de la piel, que me dejaba en las amantes manos una rara sensación. Terminaba convencido de que las caricias, besos y húmedos cariñitos rebotaban contra el plástico que había matado la sensibilidad original. Y luego de despedirme, salía de su casa, caminaba cinco metros y antes de encender el auto ya estaba convencido de que además del orgasmo mi dama había necesitado fingir por sus senos también. 

          Cambié de canal y me encontré con un capítulo de El Chavo del Ocho. ¿Por qué me sigue gustando?

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